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¿Qué Hacer con las Opiniones? 

 noviembre 24, 2020

By  carla

Cuando se habla de las opiniones en algunas ocasiones se puede comparar con las críticas. También nos podemos preguntar ¿qué hacer con las mismas?, ¿cómo salir adelante?, ¿qué haces cuando la gente te dice que está difícil la situación?

Todos recibimos diferentes opiniones de vez en cuando, algunas veces pueden ser ciertas, sin embargo ocasionalmente pueden ayudarnos a plantearnos áreas de oportunidad. De igual manera es posible que no puedas evitar que alguien te llene de opiniones, pero lo que sí puedes hacer es cambiar la forma de percibirlas.

Si la mente no se mantiene en atención plena, es muy fácil que las opiniones nos nublen el juicio y nuestra percepción hace que nos detengamos y no nos basemos en los hechos reales.

Es importante saber diferenciar entre transformar, proponer, hacer una mentoría o únicamente opinar sin saber y en el último caso hay un fin negativo porque no existe una propuesta o un análisis con fundamento, entonces sólo se incide en el problema.

Aprender a “categorizar” el tipo de opinión, también podemos identificar los distintos tipos de personas que las efectúan. Para poder entender mejor desde qué punto la gente emite sus opiniones es importante considerar lo siguiente:

Entender al otro.

Opiniones por frustración; son aquellas que se desplazan con enojo hacia los demás.

Opiniones hechas para no pensar en sí mismos. Es un factor distractor, el que lo hace pretende no pensar en sus errores, es una forma de decirse “tú eres peor que yo”.

Opiniones por envidia.

Distingue si las opiniones no son desde el error o desde el odio asegura que sean desde el amor ya que nosotros no podemos cambiar desde el odio.

Los invito a inspirar a las otras personas a través de sus opiniones, porque si mejoro hacia el exterior, este mejora hacia mí. 

¿Cómo comunicar mis opiniones?

Sé concreto/a.

Para ello es aconsejable que no te centres en el problema clave, sin rodeos. De igual forma, es recomendable que al mismo tiempo de ejercer la crítica, se señale lo que la persona hace bien, lo que no y cómo podría cambiarlo. Nunca está de más decir cómo te hace sentir la situación para que el otro pueda empatizar con nosotros y entender mejor la intención de nuestro comentario.

Ofrece soluciones.

De nada sirve a la persona que recibe la crítica saber lo que hace mal o te disgusta de ella, si no le ofreces alternativas para resolver las cosas. Muchas veces pensamos que la otra persona no cambia porque no quiere, y en ocasiones es así, pero en otras porque simplemente no sabe hacer las cosas de otra manera.

Ayúdale a mejorar con tus sugerencias, porque en realidad el beneficio será para ambas partes.

Evita las acusaciones personales, el sarcasmo y el desprecio.

Lo más probable es que provoquen reacciones de defensa en la otra persona, además de que tienen un efecto negativo sobre la motivación, autoestima y confianza de quien las recibe. 

No utilices afirmaciones generales y universales.

No es recomendable hacer uso de las palabras como “siempre, nunca, todo, nada” (por ejemplo; “lo confundes todo, siempre lo haces mal, no entiendes nada…”) porque despiertan sentimientos de impotencia y enfado en la otra persona.

Haz la opinión cuando corresponde.

Con demasiada frecuencia, esperamos a expresar nuestras opiniones cuando las cosas han llegado ya a un punto extremo, en ese momento estamos tan enfadados que no podemos controlar lo que decimos y terminamos sacando a relucir una lista interminable de quejas que no tienen nada que ver con el motivo actual del problema, pero que en su momento nos callamos. Así que si tienes algo que decir, dilo pero de la forma adecuada y no esperes a cuando no puedas más.

Las opiniones es mejor proporcionarlas personalmente y en privado.

Una opinión en público, por bien intencionada que sea, puede ser vivida como una humillación o un cuestionamiento de la valía de la persona criticada. Hay que evitar los mensajes o correos electrónicos para poder expresar la posibilidad de contrastar o defender su postura en el momento que lo recibe. Permanece presente y en privado.

Empatiza.

Sintoniza con el impacto que produce la opinión y la forma de expresarla sobre el receptor para empatizar también con sus sentimientos y adaptarte adecuadamente  a sus reacciones. Si te has pasado y fuera necesario, reconoce tu dureza o tu falta de tacto. Reconocer los errores lejos de suponer perder autoridad y valía, supone un aumento de credibilidad y respeto. Las personas poco empáticas suelen dar opiniones demasiado hirientes y duras, ya que no son capaces de percibir los sentimientos del otro ni ponerse en su lugar.

Reconoce tu lenguaje no verbal, el tono de voz, los gestos, las muecas y los ademanes.

Un gesto o el tono de voz puede echar al traste el mejor mensaje que se quiere transmitir.

Tu expresión puede llevar a una percepción diferente a la que quieres transmitir.

No intentes imponer tu punto de vista.

Recuerda que tu crítica no deja de ser tu opinión, y tienes derecho a expresarla, de forma asertiva, pero la otra persona también tiene derecho a seguir tus consejos o no.

carla


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